Hombres y juegos: ¿ganar o perder?
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Hombres y juegos: ¿ganar o perder?

¿Por qué algunos hombres insisten en pensar que somos apenas “cosas bonitas” para desfilar por ahí? ¡Hombres arrogantes son sinónimo de falta de cerebro, (y/o) ridículo “miembro” o peor… pésimo rendimiento! De aquellos que ni una bella chupada pueden proporcionar.

¿Sabes? Ya pasé por la regla tres y no estoy obligada (nadie es) a que me tomen el pelo. ¡Nunca tuve vocación para esto!

Voy a escribir sobre lo que me pasó ayer… Ahora son las 16:20, acabé de llegar a casa y mi pelo todavía está meloso, y mi vagina sigue mojada… Hoy mi trabajo es simplemente relatar como la noche puede ser deliciosa si se tiene una buena perspectiva de las cosas y se usa la experiencia.

Ayer recibí una llamada de un tal Jeremías, que decía que era un amigo de un amigo y que había visto unas fotos mías en WhatssApp (imagino el tipo de foto, soy buena con desnudos, tengo ángulos muy interesantes). En fin, muy animado me invitó a cenar y me dijo que me buscaba en 30 minutos. Como soy amante de nuevas experiencias no pude recusar. Ya estaba lista para salir, encendí un cigarro y tomé un vaso de Scotch mientras esperaba. Adoro imaginar la fisonomía de un hombre a partir de su voz, y si es bonita, pienso en hombros anchos y grandes manos… Mi móvil sonó y ahí estaba él, en mi puerta.

Un Porsche descapotable maravilloso y un hombre “madurito” saliendo, presentable, pero no bonito. Sonriendo abrió la puerta para mí. Y comenzó a hablar de sí mismo. Hablaba mucho. Yo, a su lado, le observaba… Fuera, la ciudad parecía más interesante. Hablaba mientras conducía y ponía la mano en mi pierna. Yo estaba con un vestidito azul corto, tacones, pelo suelto, poco maquillaje y perfume Chanel 5. Mi aroma, mis piernas y mi boca convidada a cualquiera a tocarme.

Y ahí comenzó mi sorpresa… Me llevó a varios restaurantes mostrándome como una muñeca, como algo raro. Sus amigos, con más de 50 también, babeando solo con verme. Me engullían con sus ojos como una manada de lobos. Cada vez que iba al aseo oía gemidos en la mesa. Al menos me divertía, quería estar quieta y dejar que las cosas sucedieran…

Después de chistes tipo: ¡Mira cómo mi mujer es linda! O: ¡Esa como mínimo 200.000! Pensé: Seguro que a su falta de cerebro se une su impotencia… Su barriga era protuberante: no que eso fuera un problema, pero no me excitaba. Por qué me meto en estos líos, no lo sé.

Entre estas reflexiones me alcanzan unos labios secos, una lengua sin dirección y ausencia total de sinestesia. ¡Vi que la noche iba a ser hardcore! Sus amigos mirando sin entender mientras el tipo hacía su show. En aquel momento miré a mi alrededor y fue como si una nube gris cayese, pesada, sobre mi cabeza. ¿Sabes esos días que respiras y te excitas?

Pues entonces, lo peor de la vida es tener ganas de follar y que no haya nadie apto alrededor. Ahí recibí un Whatsapp de Orlando invitándome a tomar unas copas en su casa con unos amigos. Me encantan los amigos hombres, siempre me salvan. ¡Acabar la noche así sería un pecado! Me levanté para ir al baño y simplemente no volví. Llamé a un taxi y me fui a casa de Orlando.

Mi móvil en el bolso empezó a sonar y clic… sin más perturbaciones… ¡Bloqueado! I´m sorry! En 10 minutos llego al apartamento de Orlando y una chica rubia, linda de vestido blanco, una especie de uniforme, abre su puerta con una sonrisa. En una amplia sala había 6 hombres entados, bebiendo y jugando a las cartas. Cuando me vieron, sus ojos acompañaron mis passos como si fueran imanes. Caminaba en su dirección no como una presa indefensa, sino con mirada de cazadora curiosa. Me miraban a los pies y según me acercaba sus ojos pasaban a mis muslos, cintura, hasta encarame a los ojos.

Orlando se levantó, pasó la mano por mi nuca tirando de mis cabellos y me dijo, bajito, al oído: qué bueno que viniste… Me estremecí en el momento. Orlando es alto, moreno, ojos azules, barba y pelo negro. ¡Una delicia! Los otros 5, Chico, Lino, Alencar, Bruno y Ricardo se levantaron para saludarme y mis braguitas se mojaron.

Comencé a sonreír y me senté a la mesa. La rubia que me abrió era la encargada de las bebidas. Me trajo una copa con una especie de líquido blanco que hizo viajar a mi imaginación… Se acercó y me dijo: Mi nombre es Carol, espero que te guste. Dime si prefieres otra cosa. Miré a sus ojos y le dije que era un placer conocerla, mientras me presentaba, toque discretamente su tobillo con mi mano y fui subiendo por su piel hasta que acaricié su muslo…

Se ruborizó y me sonrió. Los chicos empezaron a explicarme su juego… Stephany, una persona juega la primera carta, y en sentido horario las otras necesitan una carta mayor para vencer. Quien vence gana un premio… Puedes elegir lo que quieras de la mesa, que alguien se quite una prenda, o diga o haga algo… ¿Te animas? ¡En ese momento estaba más que excitada! Con calma, pero con mi piel ardiendo, dije que sí.

Primera ronda y saco un 9 de espadas para matar un 6, me pareció apropiado. Pero, desgraciadamente, no fue suficiente para ganar… Ricardo ganó la mano y dijo sonriendo: Ya que la noche está tan caliente quiero que Bruno se arrodille y le quite las braguitas a Stephany con los dientes. Y tú, Stephany, no puedes ayudar. Y tú, Bruno, no puedes usar las manos. Me levanté sudando, mojada, corazón latiendo tan fuerte que parecía que estaba en mi coño.

Bruno se arrodilló en el suelo, me levanté y me puse con las piernas abiertas delante de él. La mesa nos observaba y Carol comía una enorme y suculenta fresa delante de mí. Mi vestido facilitaba la hazaña, y que Bruno metiera la cabeza dentro. Él se frotaba entre mis muslos. Los chicos decían: ¡Solo las braguitas Bruno! ¡Concéntrate! Y de repente sentí el roce de su barba con más fuerza. Su húmeda lengua por encima del tejido fino de mis braguitas, olisqueando como un perro. ¡Los chicos me miraban y yo aguantando las ganas de tomarle de la cabeza y mostrarle lo que quería!

Bruno, con mucha destreza deslizó mis braguitas hasta mis rodillas y levanté la pierna derecha mientras miraba a los chicos y ayudaba a Bruno a terminar su trabajo, claro. En ese momento ya estaba muy mojada.

Segunda ronda, tenía dos cartas pequeñas en la mano y me decidí por una, ya que perder no era un problema, ¡y sí una gracia divina! Tiré un “As” y esta vez el que ganó fue Orlando… Stephany, quiero que nos digas la siguiente frase: “¡Soy una delicia y quiero tragarme una polla grande y erecta esta noche!”. Orlando tiene el don de adivinar mis pensamientos, ¡y por eso es mi amigo! ¡Es bueno y le gusta agradarme! Tomé un buen trago, lo que obligó a Carol a volver a su alquimia. Repetí cada palabra abriendo bien la boca, para que se viera mi lengua salivando.

“Soy una delicia” hablaba lentamente… “y quiero…” ¡tragarme una POLLA BIEN GRANDE Y ERECTA ESTA NOCHE!”. Ayyyy… Noté que todos en la mesa estaban con la polla bien erecta en este momento. ¡Parece que estoy ganado el juego!

Tercera jugada. Tengo que elegir… O gano con mi carta mayor o pierdo con el “3” que también tengo en las manos… Decido, tiro mi “Rey” y pregunto si Carol está participando en el juego.

Orlando dice: ¿Aceptas Carol? Y ella responde con sus ojitos apretados y sus labios sinuosos… ¿Qué deseas Stephany? Quiero que te quites tu vestidito y te tumbes en la mesa. Quiero beber mi próximo trago en tu piel.

Todos se callaron, ella se quitó el vestido blanco y mostró una lencería de encaje blanquita que cubría su piel de ángel. Las braguitas eran mínimas, medias finas, sujetador apretado y senos voluminosos. Se acercó, me entregó el trago, rojo intenso. Subió a la mesa y se tumbó como si estuviese en un sacrificio sádico. Me levanté y subí a la mesa. DE pie, con las piernas bien abiertas, admirando a aquella ninfa deliciosa que esperaba ser chupada. Los hombres, excitados, me observaban…

Bajé despacito, y comencé a derramar la bebida roja sobre sus senos mientras los lamía. Encajé mi rostro entre sus pechos con tantas ganas que lamí hasta sus pezones. ¡Qué delicia! Lino dijo sarcásticamente: Beba Stephany… Hizo un trago largo… aproveche. Derramé un poco más de la bebida sobre su barriga mientras ella se retorcía. Cada vez tenía más sed y aquella piel blanca encharcada me dejaba descontrolada. Levanté la copa y la derramé sobre sus braguitas. Comencé a besarla desesperadamente.

Alencar se levantó y empezó a masturbarse. Lino dijo: Quítate las braguitas Stephany, ¡quiero ver cómo chupas! Obedecí mientras Carol gemía de placer, tanto que no soportaba mi propio deseo. Chico también se levantó y me quitó el vestido mientras yo no me cansaba de chupar ese chochito rosa. En segundos, nos quedamos las dos desnudas, con tacones, encima de la mesa, untadas de bebida, y los chicos desnudos con el miembro erecto acariciándonos.

Alencar besaba la boca de Carol, Chico metía sus dedos en mi vagina mojada. Y no me daba otra alternativa que moverme hacia adelante y hacia atrás. Sentando y levantando, mientras chupo el chochito depilado de Carol. Ni un pelo, bien lisita y deliciosa. Orlando, en ese momento, nos regó con pulpa de frutas. Comenzamos a lamernos y comernos. Una polla grande y dura me sorprendió por detrás. Carol gira en la mesa y comienza a chuparme mientras soy comida gentilmente por aquel tronco. Ricardo unta su pene con pulpa de mango y lo pone en mi boca. Ayyy… Hummmm Qué delicia… Las sensaciones se mezclaban.

Era fruta para todos los lados. Se me turbó la visión… Juntos y separados, simplemente sintiendo los gustos, los aromas y los sabores de cada uno. Sin nombres, apenas cuerpos. Las frutas derramadas por nuestras pieles llenas de gozo. Bebíamos ríos de deseo.

Sentí como me penetraban varias veces, diferentes penes. Eso me daba placer. Chupaba uno a uno. Tenía los bellos pechos rosados de Carol. Hummm… Y ese chochito… ¡Ay que piel delicada! ¡Qué perfume! Estábamos con mucha sed y mucho, mucho gozo… Pasamos la madrugada experimentando sin parar, hasta que adormecimos juntos en el suelo…

Desperté hace poco de un sueño leve y profundo. Mi cuerpo estaba liberado, suelto y extasiado. Me levanté, fui a la ducha, y sin decir nada, salí. El silencio era aterciopelado. Nunca fui buena con juegos, pero creo que esta vez hice una excelente jugada.

 

Fernanda Liberato



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