La vida está hecha de disculpas
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La vida está hecha de disculpas

Si pensamos bien, nuestra vida está repleta de disculpas. No de aquellas que pedimos cuando hacemos algo mal, sino de aquellas que tenemos que dar cuando no podemos o, principalmente, cuando no queremos hacer algo. ¿Correcto?

Debes de estar pensando, en este exacto momento, leyendo esta frase, cuántas disculpas necesitas dar en tu día a día para “huir” de algunas encerronas o programas que no quieres hacer, pero muchas veces necesitas.

Estoy en la fase de las disculpas. Incluso porque tengo una hija de cuatro años en casa. Por ser una niña muy enérgica, necesito tener disculpas listas para no decir a personas con las que no tengo tanta intimidad que llevarla a un lugar sofisticado es sinónimo de pasar por momentos de vergüenza (en el grupo de madres de la escuela, todas me entienden). Ya en el grupo de amigas sin hijos, todas piensan que siempre busco excusas.

Observando a las personas a mi alrededor, normalmente veo que las disculpas comienzan a ser concretas con el pasar de los años, con el cambio de casa, con la formación de las familias. Incluso en una pequeña familia de dos persona – la pareja. Montar una casa hoy en día, con comodidad e ítems de buena calidad, sale bien caro.

Salir para cenar a un restaurante famoso también es caro. A veces, una simple cena cuesta el precio de la máquina de café expreso que quieres comprar para agradar a tu esposa. O cuesta lo mismo que la instalación de aire acondicionado que continúa en la caja, incluso sabiendo que el verano se está aproximando. Entonces llega la necesidad de las disculpas. Porque, al final, no quieres admitir frente a tus amigos que no consigues pagar todo (aunque ellos estén en la misma situación).

Pensando bien, ¿cuál es el problema de preferir algo y necesitar tantas disculpas? ¿Cuál es el problema de decir no a algún compromiso debido a algo que traiga comodidad o porque simplemente no quieres? Después de salir de casa de nuestros padres, entendemos las privaciones que una familia sufre para tener comodidades. Entendemos porque somos responsables de esas nuevas comodidades.

Claro que existen personas que prefieren mucho más gastar en la vida social que en la casa, en un viaje, o en un buen coche. O aquellas que no necesitan preocuparse con eso (no por riqueza). Arriesgo a decir que muchas personas tienen el placer (¿o no?) de tener amigos, novios a los que no les importa pagar para tener placer.

Puedes tener tu cartilla de disculpas, puedes coleccionarlas para no repetirlas. Tienes la opción de ser sincero o de recusar sin precisar explicar todo lo que quieres o no hacer. ¡La decisión es tuya!

Nadie puede ser criticado o debe sentirse culpable por tener sus elecciones. Sí, tus amigos tendrán que entenderte. Y, si no te entienden, no son tus amigos. Si todavía insisten, haz lo siguiente: ¡diles que paguen tu parte!

 

Mariana Goulart



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