¿Cómo anda tu etiqueta social?
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¿Cómo anda tu etiqueta social?

Garantizo que, cuando leíste este título, debes de haber pensado que es un asunto muy antiguo. Pero no estoy hablando de esa etiqueta de eventos y de cómo comportarse en la mesa. Lo social a lo que me refiero son las redes sociales. Hay gente bien maleducada por ahí y la cosa empeora cuando el asunto es polémico, como el fútbol o la política.

En tiempos de crisis políticas y financieras, hay casi una guerra declarada en las redes sociales. Los mejores amigos pueden hacerse enemigos, tu perfil político puede excluirte incluso de un trabajo, y nadie tiene pelos en la lengua cuando el asunto es hablar mal de un candidato, de la economía actual o cuando decide ofender a la oposición. Hay quien hace limpieza para no tener que convivir diariamente con mensajes e ideologías contrarias a la propia. Tal vez eso no sea tan absurdo…

Otra cosa divertida son los pedidos de ayuda en la recomendación de servicios en las redes. Las personas actúan como si la recomendación fuera obligatoria ajena, sin al menos dejar un “por favor” en el mensaje. Juro que no lo entiendo, estás pidiendo una recomendación a alguien, que muchas veces para lo que está haciendo para buscar un nombre o contacto para repasar, y la criatura ni manda un por favor antes. Confieso: a veces tengo la información, pero por esa falta de educación, no lo doy. Quién nunca…

Hombre casado o con novia también puede ser un problema en las redes. Creo que se ven como invencibles, o mejor, ¡invisibles! Creen que nunca serán descubiertos, que “solo” porque agregaron a algunas mujeres aleatoriamente, está todo bien. Estoy casada y digo: tengo más de 300 solicitudes pendientes de hombres (la mayoría casados también) en Facebook y acabo olvidando borrarlos. A veces, cuando abro las solicitudes, ya voy excluyendo a los que no conozco, pero me parece gracioso que mis fotos de perfil son con mi familia.

Generalmente, son los que se quedan irritados con la esposa cuando las mismas aceptan amigos o agregan hombres aleatoriamente. Esa vieja costumbre de hacer las cosas mal y pensar que todo el mundo también lo hace… Pero lo más divertido (y aquí no creo que haya que cambiar nada) son nuestros padres y parientes. Recuerdo aquella sensación de adolescente, cuando tenía vergüenza de que mi padre me besase o me elogiase frente a otras personas. Seguro que tu abuela escribió algún mensaje bizarro (o tierno) en una foto tuya o de tus hijos – y te sentiste con vergüenza y ganas de reír mucho. La mayoría de las veces, los mensajes son positivos y no tienen nada de malo,
pero pueden ser embarazosos, ¡bastante!

¿Y los que tienen hijos en la fase del móvil (creo que todos los bebés hacen esto hoy en día)? De repente tu hijo manda un audio al grupo del trabajo, fotos desenfocadas de los juguetes para el dentista, o cambia la imagen del grupo de la escuela. Después, tienes que dar explicaciones a todo el mundo. Al final, ¡es solo un niño! Estos días, en el feed de una red social, leí acerca de un estudio sobre parejas que ponen fotos apasionadas de forma compulsiva, fotos de viajes, de momentos increíbles. Decía el estudio que esa felicidad estampada para todos es pura fachada, que además del problema de la autoafirmación, está la compensación, como si no se fuese lo suficientemente bueno y tuvieses que estar probando que tu amada y para todos lo que la amas y cómo la vida es maravillosa junto a ella. Convengamos que, a veces, no es todo eso… me sentí bien, ya que estoy lejos de ese tipo que hace declaraciones públicas y que además hace una novela de la vida irreal en las redes sociales. ¿Te identificas con la información o el estudio está equivocado?

La gran verdad de todo esto es que el sentido común y la educación son el norte que debemos tener. Sí, no nos despegamos de los móviles. Sí, vivimos en esta era y no vamos a retroceder, por más que tengamos nuestros “slows moments”. No cuesta nada ser más pulido, gentil y practicar la empatía.

Es mucho mejor ser así que salir apagando post innecesarios después de que tus amigos lo vean y lo comenten. Hablar mal de los hijos y de las madres ajenas en las redes es fácil. Lo difícil es resolver los propios problemas personales, ¿o no?

 

Mariana Goulart



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