Baños de luz nocturnos
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Baños de luz nocturnos

En la región sur de Brasil podemos observar la bioluminiscencia, uno de los más espectaculares regalos que nos ofrece la naturaleza. Entre la Isla de Cardoso (SP) y las costas de Imbé y Tramandaí (RS), es posible admirar la bioluminiscencia en todo su espledor. Resulta especialmente bonito em lugares como Isla de Miel (Paraná) y en playas cercanas a Laguna (SC) – sobre todo en la playa de Galheta, en Farol de Santa Marta, ya que al estar alejadas de grandes urbes, el espectáculo queda completado con noches estrelladas (donde podemos apreciar, con bastante nitidez, el rastro de la Vía Láctea).

Para aquellos que tienen la suerte de viajar por el mundo, ofrecemos otras opciones para apreciar este singular fenómeno, que es el proceso por el que ciertos organismos vivos crean una reacción química que emite luz, normalmente por motivos defensivos o depredadores.


Laguna Grande, Fajardo, Puerto Rico
En el caso de esta isla son las concentraciones de dinoflagelados los que iluminan la oscuridad. Los mejores lugares para verla son la Laguna Grande y la bahía Bioluminiscente, aunque los apagones que han sufrido en los últimos tiempos tienen en vilo a los que viven de enseñarlas a los turistas.

Manialtepec, Oaxaca, México
Al final de 20 kilómetros de playa virgen (salvo por un condominio) se encuentra la entrada de la laguna de Manialtepec. Este estuario de Oaxaca guarda en sus someras aguas microorganismos bioluminiscentes. Estos se iluminan de un color verdoso al contacto con el movimiento, creando efectos alucinógenos en los bañistas nocturnos. En la oscuridad de la luna nueva se confunden las estrellas con el plancton, el cielo y la laguna. Rodeado de manglar, esta masa de agua es durante el día un excelente observatorio de aves migratorias.

Bahía Toyama, Honshu, Japón
La bioluminiscencia de esta bahía japonesa impone algo más de respeto, pues los ejemplares que la crean pueden alcanzar el tamaño de la palma de una mano. Se trata del calamar luciérnaga, arrastrado por las corrientes primaverales a las playas de esta prefectura del norte central de Japón. Posee órganos fotóforos al final de sus tentáculos, cuya luz azul atrae presas en las profundidades marinas, hasta que al llegar la primavera acaba siendo una pesca fácil para los japoneses.

Isla Vaadhoo, Maldivas
Las orillas de Vaadhoo, una de las islas de la República de Maldivas, se convierten por la noche en un lienzo moteado de salpicaduras azules cuando el fitoplancton se acumula allí. La proteína llamada luciferina que se encuentra en estos microorganismos reacciona al contacto con el oxígeno gracias a una enzima (luciferasa), generando esta reacción química lumínica. Este fenómeno recurrente en Vaadhoo se ha observado puntualmente en playas de todos los continentes del mundo; sin embargo, la dificultad reside en conocer cuándo volverá a manifestarse.

Laguna Encantada, Islas del Rosario, Colombia
Nombre enigmático para describir una laguna que cumple con todos los requisitos para iluminarse en las noches oscuras. Manglar, tranquilidad y aguas cálidas y poco profundas. En este punto del mar Caribe se creó hace casi 30 años el parque nacional Corales del Rosario y de San Bernardo, muy cerca de Cartagena de Indias: el conjunto coralino más importante de Colombia.

Bahía Mosquito, Isla Vieques, Puerto Rico
En Vieques, una de las hermanas pequeñas de la isla de Puerto Rico, se encuentran tres bahías en las que disfrutar del fenómeno de la bioluminiscencia. La mayor y la que suele contar con las condiciones ideales a lo largo del año es la bahía Mosquito. Tapón y Puerto Ferro la acompañan dependiendo de las condiciones. Al contacto con la mano (y con los peces, y con las corrientes…) los dinoflagelados se iluminan. Esta bahía fue reconocida hace 10 años en el libro Guinness de los récords como la más brillante del mundo.

Koh Rong, Camboya
La segunda isla más grande de Camboya, Koh Rong, también disfruta del espectáculo nocturno bioluminiscente. Esta isla, alejada del turismo sudasiático hasta no hace mucho, ya nota desde hace unos años la llegada masiva de los turistas. Las excursiones para sumergirse rodeado de reacciones bioluminiscentes son baratas y populares. Todo rodeado de un paraíso en el que se ha rodado más de una edición del programa de supervivencia más conocido del mundo.

Cuevas Waitomo, Nueva Zelanda
Sin ser propiamente una laguna, también hay que meterse en el agua para disfrutar de estos destellos. Envidioso de sus cielos estrellados, el subsuelo kiwi se puso a trabajar. Más bien las larvas de Arachnocampa luminosa, conocidas en suelo neozelandés como glow worms (luciérnagas). Esta especie de mosquito produce luz para atraer presas en el más de un semestre que dura su etapa larval, lo que viene a ser la mayoría de su vida; los ejemplares adultos ni siquiera se alimentan para morir a los pocos días. Adheridas con hilos de seda al techo de la cueva de Waitomo, en la isla norte de Nueva Zelanda, lucen sus abdómenes luminosos mientras nada las perturbe.

Túnel de Newnes, Nueva Gales del Sur, Australia
Una lista que enumere seres vivos extraños siempre reserva un lugar para Australia. En este caso por un túnel que asemeja las condiciones de las cuevas neozelandesas de Waitomo. Este abandonado túnel ferroviario está enclavado en el parque nacional Wollemi, a unos 200 kilómetros al noroeste de Sídney. Los 400 metros de túnel de giros pronunciados se excavaron a principios del siglo XIX para llegar a una zona minera, y ahora son el curso de un riachuelo. Cuando todo se acabó llegaron los mosquitos, y con ellos sus luces. La senda que lleva al túnel es muy conocida en una zona por la que transcurren algunos de los más de 5.000 kilómetros del camino señalizado más largo del mundo, el Sendero del Bicentenario Nacional.

Laguna Luminous, Falmouth, Jamaica
En el lugar donde nacieron Usain Bolt y Ben Johnson las aguas brillan, quién sabe si tendrá algo que ver. Lo que sí se conoce es la relación entre la enorme cantidad de dinoflagelados que se reúnen en las aguas de la Laguna Luminosa, cerca de la ciudad jamaicana de Falmouth. Un chapuzón en sus aguas convierte los brazos en ondas de energía, como si el visitante respetuoso se hubiese colado en unos dibujos animados japoneses.

 

Rafael Paniagua



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