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¡Vamos de compras!

¡Vamos de compras!

                                  Getty Images


Necesitaba ir de compras y como mis amigos no tienen un horario de trabajo tan flexible como el mío, me aventuré a ir yo sola al centro comercial. Estaba paseando hasta que encontré una tienda que parecía muy trendy y decidí entrar. Estuve caminando, viendo algunos vestidos cuando algo captó por completo mi atención.

Se trataba de una chica con cabellera rubia anaranjada, visiblemente natural, larga hasta media espalda, seguido de una cinturita de avispa y unas pompas bien delineadas, lindas y deliciosas, combinando con un cuerpo delgado. Me imaginación me llevo al interior de esos jeans ajustados y esa camisa de satín. Volteé hacia donde estaba ella y me devolvió la mirada. Continué caminando entre los vestidos, pero prestando más atención hacia ella que a los diseños de la última temporada.

No tardó mucho en percibir que la estaba devorando con la mirada, y por increíble que parezca, ella también empezó a mostrar interés en mí. Cruce algunas miradas con sus ojos marrones almendrados y grandes, y hasta llegué a ver una pequeña sonrisa en sus finos labios rosados. De repente fui abordada por una vendedora que quería saber lo que buscaba. Me agarró desprevenida y le dije que no sabía, y cuando de nuevo busque con la mirada a aquella chiquilla había desaparecido de mi vista. Ni hablar, ya que estaba en la tienda así que agarré un vestido de mi talla que me había gustado y me fui al probador.


Al entrar al pasillo del probador, una cabellera rubia apareció detrás de una cortina. Con una sonrisa me pregunto: “Hola, ¿puedes subirme el cierre del vestido?” y vi que lo tenía bajado hasta la cintura. Me quedé impresionada y le dije, “¡Si, claro!” Dejé el vestido en otro probador y fui hacia ella. No me resistí y subí el cierre de manera que mi dedo le rozase su espalda, observando sus curvas y su nuca descubierta. Disfruté su piel sedosa y me di cuenta que se le puso la piel chinita.


“Ya está”, y sonreí. Ella se miró en el espejo, respiró profundamente y se volteó hacia mí, que estaba atónita con sus senos perfectos, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños, y que se veían deliciosos en ese vestido. “¿Qué piensas? ¿Se ve bien?” me preguntó. “¡Muy lindo!” le contesté. “Gracias… me llamo Gabriela” y extendió la mano hacia mí. “Es un placer Gabriela, yo soy Stephany” le contesté. “¡Bien! Me preguntaba si querrías ir a tomar un café…después de que te pruebes tu vestido, claro”. Por un momento olvidé donde estaba y lo que estaba haciendo, hasta que reaccioné: “Sí, claro, vamos, solo déjame que me pruebe rápido”. Y ya me iba a cambiar cuando ella me pidió algo mas “¿Antes, podrías abrirme el vestido?” Dentro de mi pensé “¡por supuesto! Abro, quito, y hago cualquier cosa que quieras”. Al bajar el cierre deje a la vista de nuevo esa espalda perfecta. Ella me agradeció con una sonrisa y cerró la cortina diciendo que nos encontrábamos en la caja para pagar.

Ya ni recuerdo si me probé el vestido o no. De la nada me encontré al lado de ella en la caja esperando para pasar la tarjeta. Fuimos a un café que había en la plaza. Me quedé hipnotizada por todo lo que Gabi me contaba, pero sobre todo, por cómo se movía…sonreía, se pasaba la mano por el cabello y por cómo discretamente me tocaba cada vez que podía. Yo tampoco pude perder mi oportunidad de tocarle el cabello y su mano. No sabía que iba a pasar después del café así que tenía que aprovechar aquel momento al máximo. Cuando terminamos éramos tan amigas que ir a su casa sonó tan normal como pagar la cuenta.


Ella vivía cerca de la tienda, pero fuimos en mi carro porque tuve la impresión de que la visita se iba a demorar más de lo que el estacionamiento del centro comercial plaza lo permitía. Entramos en su apartamento, lindo, arreglado, lleno de flores, con un bonito sofá blanco en la sala. Ella me preguntó si quería algo de tomar y yo parada en medio de la sala le dije que no. Ella se acercó, me tocó la cara con sus finos dedos y sin dudarlo me besó dulcemente. Tenía un sabor especial en la boca debido al café, que me dejó atontada. Nuestros cuerpos se aproximaron y mis manos comenzaron  a tocarla, primero por encima de la ropa y luego por debajo de la blusa, mientras que ella me agarraba por la nuca con una mano y con la otra subía mi vestido. El solo tacto de sus manos apretando mis pompas hizo que mi instinto animal despertara. Sofocada me separé de ella, me deshice de mi vestido y después de su blusa y sus jeans. Ella era perfecta. Toda blanquita, con sus pezones rosados coronando aquellos senos que cabían casi enteros en mi mano y la cinturita de avispa que culminaba con una tanguita de hilo blanca.
 
La besé y apreté sus senos mientras nos acostamos en el sofá. Nuestros cuerpos ardientes se entrecruzaban. Besé sus labios y poco a poco fui bajando por su cuello, su abdomen, hasta llegar a la tanguita. Ella soltó un susurro de placer. Aparté con mis dedos el elástico de la tanga y poco a poco se la fui quitando. Ella abrió las piernas y tuve ante mi sus escasos y rubios vellos púbicos. La bese lentamente y luego comencé a lamerla toda y con cada gemido de ella me daban ganas de lamerle más. Le introduje mis dedos y sentí como se torcía de placer. Yo la estaba besando entre las piernas mientras ella me devoraba con los ojos. Vi sus ojos extasiados y gritó de placer cuando se vino riquísimo en mi boca.

Y ahí fue cuando ella me puso como loca a mí. Gabi me hizo sentarme al borde del sofá. Primero me besó los senos, luego pellizcó mis pezones que recibían sus besos gustosos. Después descendió y pude sentir que me besaba con frenesí, sus dedos me penetraron mientras su lengua lamía mi clítoris. Estar allí sintiendo todo el placer que me estaba dando me hacía sentir muy poderosa. ¡Deliciosa! ¡Caliente! La agarré por el cabello y me vine en su boca temblando por ese riquísimo orgasmo.

Después de esa sesión de sexo, nos quedamos abrasadas, nos besamos en la boca mientras nuestros dedos seguían buscando nuestros cuerpos. Nos quedamos horas sintiendo el calor de la otra. Después de quedar extasiadas, tome la palabra y me puse de acuerdo con Gabi para vernos de nuevo muy pronto para ir de compras, tomar un café y ver lo que surgiese después…





 



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