Masaje más que relajante
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Ese día era el típico de ´me levante con el pie izquierdo´. Primero, la lluvia, ¿es necesario que llueva tanto? Eso era casi un diluvio. Iba atrasada por lo que no pude tomarme mi taza de café de la mañana, me fui directo a bañar y me resbalé con el piso mojado, lo que me provocó un esguince en la espalda baja. Después con un grave dolor por mi pseudo-caída tuve que abrir la puerta eléctrica a mano, ya que la lluvia había causado un corto-circuito. Para continuar, el tráfico estaba horrible por la lluvia y no encontraba lugar para estacionarme y llegué más de media hora atrasada a una reunión con mi editora.
Salí del encuentro agotada y todavía no era ni medio día. Algo tenía que hacer para que mi espalda me dejara de doler y poder relajarme.
Decidí pasar a una farmacia para comprar todo lo que el farmacéutico pensase que era conveniente para mi caso. Por azar (ahora pienso que fue más suerte) alguien había puesto su auto detrás del mío impidiéndome salir. Entré en el primer local que encontré, enfadadísima cubriéndome de la lluvia, y mi día gris vio un rayito de luz, pues era un Spa.
El recepcionista, un chico alto de unos 24 años, piel blanca, ojos verdes, me dijo sonriendo: Hola, ¿puedo ayudarte? Fue un choque con la realidad ya que toda aquella simpatía chocaba con mi drama personal. Estaba pensando que decir cuando en eso entró a la recepción un hombre alto, fuerte, con facciones orientales y manos grandes, vestido todo de blanco. En ese momento mi alerta se encendió: ´el podía resolver mi problema´.
El hombre se colocó al lado del recepcionista y yo me acerqué preguntando: ´Yo quería saber si tienen horario disponible para tomar un masaje…´ en ese momento el teléfono sonó. El recepcionista contestó y el chico de blanco me preguntó: ´¿De qué tipo? ¿La señora ya conoce nuestro Day Spa?´ Comencé diciéndole que había tenido un resbalón en la bañera y traía un dolor en la espalda cuando se ofreció a explicarme los servicios.
Le seguí hasta una puerta y me invitó a entrar. Era una sala común de masajes. Una cama, todo muy blanco, decorado en tonos pasteles, oliendo a lavanda. El hombre me dejó sola en la sala, diciendo que me quitase la ropa y que él regresaba en un momento.
Me quité la chaqueta, las botas, la blusa, las leggins, y las medias, pero me detuve y me dejé puesta la tanguita. Con máximo pudor me tape solo las pompas con la toalla que había encima de la cama de masajes. Me pareció que estaba espiándome pues en cuanto coloqué la cabeza en el hueco de la cama, el masajista entró.
Oí que abrió la puerta y se dirigió hacia mí. Vi sus pies que se acercaban mientras me preguntaba. “Bueno… ¿en donde dice que tenía el dolor?”. “Pues es en esta región” respondí apuntando al área un poco por encima de mis pompas y continúe “pero si puede masajear el resto, se lo agradecería mucho. Estoy teniendo un día pésimo…”. “Sí, claro. ¿Cuál es su nombre? Para anotarlo en la ficha”, Stephany, con ph e y”, “Bien Stephany, mi nombre es Marcelo… ¿Prefieres que sea fuerte o delicado? Quiero decir…¿Un masaje fuerte o delicado?”. “Me puedes apretar con gusto, Marcelo. El soltó un ok animado y sentí sus manos calientes, grandes y fuertes apretando mi pie derecho.
Comenzó apretando la planta de mis pies de manera firme y fuerte, con las manos levemente aceitosas. Masajeo mis deditos del pie, antes de ir hacia el otro pie. Sentí su mano poniéndose más caliente a medida que me masajeaba. Yo no podía esperar a que sus manos me tocasen otras partes de mi cuerpo. Después de los pies, el subió sus manos a las pantorrillas y el muslo. Sus primeros movimientos en mis piernas fueron una delicia. Me tocaba con muchas ganas haciendo movimientos circulares para arriba y para abajo, al límite de la toalla. Yo respiraba más profundo cada vez que sus manos se aproximaban al extremo de mis pompas. ¡Qué manos tenía ese hombre! Cuando pensé que era el turno de mis pompis el pasó a mis hombros.
Veía sus pies por el hueco de la cama y sentía sus manos apretando mis hombros, mi cuello, después los hombros de nuevo y bajando hacia mi espalda. Estaba muy a gusto y tuve ganas de retribuirle el delicioso masaje que me estaba dando. Estaba dudosa pensando si debía tocarle o no y moví mis manos, él se detuvo: ´¿Todo bien Stephany? ¿Quieres que te masajee en algún lugar en específico?´. ´No, Marcelo, todo está perfecto…´, respondí casi en un suspiro. Él comenzó a masajear mi cabeza y me sentí en el cielo con esas grandes manos acariciando mi cráneo, mezclándose con mis cabellos, fue casi hipnótico. Mi piel se puso chinita y solté un gemidito en voz baja, aunque tuve la certeza que él lo escuchó por los movimientos que empezó a hacer después.
Después se movió del extremo de la cama y se puso a mi lado a la altura de mi dolor de espalda. Mi mano estaba apretando el borde de la mesa y al mismo tiempo que sentí sus manos calientes palpando la región que me dolía, algo toco mis dedos. Era el tejido de su pantalón rozando mi mano. El dio leves apretadas a mi zona lumbar preguntándome donde me dolía, y yo intentaba concentrarme en lo que estaba haciendo mientras él acercaba cada vez más su entrepierna a mi mano. Respondí con unos gemidos más o menos fuertes a las preguntas de él y abrí mi mano con la palma hacia arriba intentando descifrar lo que el haría con ella allí, lista para recibir lo que quisiese colocar en ella.
Marcelo colocó las piernas alrededor de mi mano y me pegó sus bolas. Pude sentir que ya estaba un poco duro pero continuó masajeándome de la misma manera y yo comencé a masajearlo también. Con la otra mano libre me empuje la toalla hacia abajo para que el pudiera ver mis nalgas con la tanguita de hilo dental ajustada, listas para él. Mi masaje se interrumpió unos segundos para continuar en mis pompas. Al parecer había entendido el mensaje.
Después de apretar mis pompas con las manos, llegó el momento de que me masajease con la boca. Beso suavemente una nalga, después otra. Paso la lengua por una, luego por otra. Yo respiraba fuerte esperando por cada beso nuevo de él. Su lengua se fue hacia más abajo y yo abrí levemente las piernas, el movió el hilo de mi tanguita hacia un lado y colocó su lengua lo más profundo que pudo llegar, di un gemido fuerte y el dijo: ´¡ssshhhh! No tan alto´ al mismo tiempo que se detuvo. Pensé que la sesión acabaría ahí, pero oí el ruido de la llave siendo cerrada en la cerradura.
Sentí su respiración en mi espalda de nuevo acercándose a mis pompas y no pude evitar levantarlo un poco mientras él me quitaba la tanguita. En ese momento yo ya no sentía dolor ninguno en la espalda, solo quería sentirle lamiéndome entera con su lengua. Él entendió mi lenguaje corporal y me penetró con su lengua, me lamió de arriba abajo, de un lado a otro. Sus manos me apretaban hacia su boca. Ya me estaba cansando de la posición pero antes de que me diese tiempo a cambiarme él ya me estaba penetrando.
Me puse a cuatro patas en la cama mientras él se encajaba perfectamente en mi. Estaba muy mojada y se deslizaba para dentro y para fuera lentamente, con calma. Miré hacia atrás mientras me penetraba, él me sonrió y me penetró con más fuerza, y de nuevo más fuerte y más. Yo quería gemir alto, gritar, pero solo gemía bajito y me mordía el labio cuando entraba entero en mí. La cama se empezó a balancear un poco y de un solo movimiento él me volteó, me colocó las piernas en sus hombros y continuó penetrándome con fuerza. Ni muy rápido ni muy despacio, al ritmo perfecto.
En esa posición me agarré un seno con una mano y la otra la metí entre mis piernas masturbándome mientras me la metía. Estaba muy mojada, demasiado excitada y no tarde mucho en tener mi orgasmo. Cerré mis ojos y mis piernas comenzaron a temblar. Él me sintió gozando y comenzó a penetrarme más fuerte y más rápido. Yo lo encaraba mientras él hacía movimientos más intensos, rápidos, firmes, fuertes, siempre entrando más y más, hasta gozar. Cuando terminó, estaba todo vestido, sudando con los pantalones bajados y sus manos a mis lados. Se levantó y me sonrió mientras se acomodaba la ropa.
Me senté en el extremo de la cama y dije: ´Muy relajante esta sesión, Marcelo. ¡Felicidades! ¡Me siento genial!´. Él se rió y respondió: ´No se lo cuentes a nadie, porque este tipo de servicios son exclusivos para ti Stephany…´
Le agradecí con una sonrisa y comencé a vestirme también. Él se quedó quieto observando cómo me vestía. Cuando terminé me entregó la ficha: ´Sabes que si no te cobro el recepcionista va a sospechar mucho, ¿verdad?´. ´Sí, claro´, respondí. ´Pero dame tu teléfono y yo te hago un masaje todavía más especial a domicilio´ agregó. Le agradecí con un beso en sus finos labios y ahora si me fui muy relajada y feliz con una gran sonrisa en la cara.
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