Fiesta de Cumpleaños
Esta semana me hablo un viejo amigo para invitarme a su cumpleaños 32. ¡Siempre me gustaron sus fiestas!
Pero lo más chistoso era que de inmediato me vinieron a la mente varios recuerdos como la primera vez que hubo algo entre nosotros…justo en su cumpleaños 16. ¡Cómo pasa el tiempo eh! Para ese entonces yo tenía 15 años, nuestros papas eran amigos y nosotros nos conocíamos desde muy pequeños. En esa ocasión él tenía una actitud diferente, algo en él estaba diferente, probablemente era el efecto de las tantas cubas que traíamos encima. Salimos de su fiesta, los dos solos, y fuimos a dar la vuelta a la Laguna de Conceição. Nos sentamos a platicar de bobadas y en eso estábamos cuando me doy cuenta ya nos estábamos dando unos besos, ¿qué digo besos? ¡Besotes! No perdió ni un minuto para comenzar a meter su mano dentro de mi blusa, aunque obvio yo no hice nada. En eso me jaló y sentó encima de él, dándole la espalda, quito mi cabello de mi nuca, comenzó a besarme en esa zona que tanto me gusta, mientras que sus dos manos agarraban firmemente mis senos como si se le fueran a escapar. Yo estaba como loca, me contorneaba al ritmo de sus besos en mi espalda. Entonces me volteo, me quitó la blusa y me siguió besando por todos lados. ¡Que delicia! Vuelvo a calentarme, de solo recordar esos momentos.Para entonces, yo era sumamente inocente, con decirles que le pregunte si aquello era “sexo oral”. ¡Que barbará!
Después de eso, sucedieron muchas cosas en sus cumpleaños.
En sus 30´s, ante la escasa imaginación de ese momento, acabamos en un motel. Para ponerle chispa a la velada, ¡me quité el vestido en el carro! El enloqueció con mi actitud. Cuando salimos del auto, yo portaba solo unas sandalias y una pequeñísima lencería. Él perdió toda compostura, con decirles que estuvimos todo el fin de semana encerrados ahí. Creo que fue la cuenta más cara que se ha pagado en un motel.
Más adelante él se casó, se divorció, su ex se volvió lesbiana y anexos. Entonces llego su cumpleaños 32. ¡Vamos a celebrar! Obvio, sin excepciones…
Pasada la fiesta, fuimos a un barecito de rock aquí en Florianópolis. Pedimos una, dos, tres rondas, y que me sienta en una periquera, se para a mi lado, con su mano en mi pierna. Me voltea a ver y poco a poco va subiendo su mano. El bar estaba lleno, nadie iba a notar, bueno casi nadie. Su mano llegó hasta el final de mis piernas, subió aún más hasta alcanzar mi tanga, la hizo a un lado y comenzó a revolverme las ideas hasta el punto de locura. Me puso un dedo, luego dos, yo ya estaba a punto de gritar ¡Bingo! Cuando se él se acercó un poco más, lamió mi oreja y me dijo al oído: “es hora de irnos”.
Salí de ahí completamente enloquecida y abrumada por llegar al carro. Como estábamos en la Laguna, nos quedamos ahí. Regresamos a casa de sus papás. Todo mundo dormía, así que no debíamos de hacer ruido, llegamos al bungaló detrás de la casa que tiene una vista espectacular y más para esa noche estrellada.
Me sentó en un banco y con sus manos en mi cintura me jaló hacía él. Abrí ms piernas y las enrolle en él. Incliné mi cuerpo hacía atrás, al tiempo que apreciaba el cielo maravilloso de esa noche. En eso estaba cuando levantó mi falda hasta mis hombros. Besó mi cuello, mi pecho, mi abdomen, me beso de nuevo la boca y regresó a jugar con mi tanguita.
Le quité su cinturón lentamente, sin presión, jugando con la hebilla, abriendo el zíper con cuidado y sacando su juguete. Me quedé quieta, resistiendo la tentación de echarle mano encima. Hasta que desistí, me puse de rodillas frente a él, y sucumbí a la tentación: llené mi boca con su sexo para continuar viendo estrellas.
Luego de un rato de darle placer, me sentó de nuevo en el banquito, pero yo me subí a él, colgándome de su cuello y enterrándome solita. Él me agarró con fuerza y comenzó a mecerme con ritmo, echando mi cuerpo para atrás. Cerré un momento los ojos y cuando los abrí vi un cielo que parecía poesía, misma poesía que estaba explotando dentro de mí.
Así nos amaneció. Tomados de la mano, nos despertamos, él acostado sobre el sillón, yo recostada sobre él.
Tengo que admitir que no fue mi mejor “buenos días” con la mamá, el papá, el cuñado, el sobrino y hasta el perico a la hora del desayuno, yo con la misma ropa del día anterior pero sin un pelo de remordimiento, haría todo exactamente igual.
Se me hacen la carne de gallina de solo pensar en su cumpleaños 33….
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