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Amén

Amén

Estos días estaba viendo “Los Caza Novias” (Wedding crashers). Se trata de unos amigos que entraban a las bodas para ligar chicas. El concepto es un poco extraño pero supongo que es por la diferencia cultural. Aparentemente, en Estados Unidos, las bodas son excelentes para ligar muchas mujeres. En Inglaterra, en donde estudié, también. De hecho, he ido a varias bodas en Europa y puedo apostar que las de Reino Unido son las mejores: además de que los invitados saben festejar en grande, tienes la garantía de pasar un excelente fin de semana “shaggeando” en alguna posada romántica.

Aquí en Brasil no tenemos nada de eso. La mayoría de las bodas son tradicionales hasta el cansancio, lleno de novios felices y todos vestidos muy formales. Ahora toca el turno a mi amiga Alice y me pidió ser su madrina de bodas, así que he estado preparándome para tan importante evento. Adoro a mi amiga, que por cierto tiene unos senos maravillosos, y a su novio Alex. Además, al ser madrina me enteré de algunos detalles de la boda y me di cuenta que no iba a ser tan tradicional ni aburrida, así que no la iba a sufrir mucho. Solamente que Alice olvidó mencionar que Alex tiene millones de primos, amigos y parientes, y lo mejor ¡¡¡todos solteros y en la flor de la juventud!

Llegó el día de la boda y yo estaba esperando en la entrada de la iglesia cuando veo venir a Alex, todo lindo con cara de “mira lo que traje”, y me presenta uno de sus mejores amigos llamado Bruno, con él que yo iba a entrar a la iglesia. Desde el primer instante me lleno el ojo por completo. 1.86 m, bronceado dorado, con una sonrisa tan linda que despertó en mi un cantidad incontrolable de ideas locas.En seguida comenzamos a platicar, reír y a llevarnos bien. Parecía que teníamos mucho tiempo de conocernos. Y durante toda la ceremonia fue así. Intentaba poner atención a lo que decía el padre pero la sonrisa de Bruno monopolizaba toda mi atención.

Cuando salimos de la iglesia y entramos a mi carro, obvio que yo le daría las joyas de la corona hasta que termináramos la fiesta, me di cuenta que olvide mi chal, que la propia Alice me había prestado, en la sacristía. Estaba tan distraída que era un milagro no haber perdido mi bolsa, o mis zapatos o hasta mi vestido. Tuve que regresar a la iglesia para encontrarlo. Bruno, tan caballero, regresó conmigo. Ya estaban celebrando otra boda, pero no había nadie más en la sacristía y no encontrábamos el maldito chal. El estaba a mi lado, de aquí para allá, hasta que nos tropezamos. La tensión sexual era incontrolable. El ambiente era perfecto, entraban unos rayos de sol como dándonos permiso de seguir nuestros instintos. La verdad no puse mucha resistencia.

Cuando me di cuenta, estaba sentada en una mesa, que por la localización en la sacristía debía de ser del padre, y su mano subiendo por debajo de mi vestido mientras me arrancaba la lengua. A pesar de tener la noción de que estábamos dentro de la iglesia con una boda celebrándose detrás de las paredes, yo no podía pensar en otra cosa que no fuera Bruno en medio de mis piernas. Para ser sincera, tengo que admitir que esa situación me excitaba todavía más. Lo bueno es que siempre uso poco maquillaje, sino hubiera estado como payaso después de esa revolcada. El me besaba, me abrazaba, me lamia, me agarraba por la cintura, del cabello, me hacía de todo…de repente me agarro firme con sus manos grandes, asegurándome a su cintura mientras sentía como casi arrancaba mi tanga para llegar hasta dentro de mi. Yo solo gozaba en silencio para no hacer escándalo y llamar la atención, pero con una intensidad indescriptible. Pero él se dio cuenta que estábamos en un lugar inapropiado y prefirió dejar las cosas para después. Ya se imaginarán mi cara, pero bueno, nadie es perfecto.

Llegando al estacionamiento de donde sería la recepción descubrimos que como éramos padrinos teníamos un lugar reservado, pero como llegamos absurdamente tarde, teníamos que esperar un rato. Lo que no podía esperar era mi cuerpo, así que aludí mucho calor y me levanté la falda. No tuve que decir nada más, sus manos se abalanzaron sobre mi exactamente en el punto donde las necesitaba mientras me besaba el brazo, el hombro, el cuello…

Entré a la fiesta un poco despeinada, sin nada de maquillaje pero más linda que nunca. Y todo esto sucedió sin una gota de alcohol. Se imaginan que pasó después de una “etiquetita roja”. Ahora que Bruna ya no sentía culpa alguna por estar en la sacristía, estaba libre para comerme en la pista de baile, en el baño, en el cuarto de maquinas, etc. Y claro,  en el camino para mi casa.

Al final de cuentas, la única cosa que Bruno conoció de la isla de Florianópolis era la vista desde mi terraza. A pesar de ser un lindo paisaje, Floripa tiene mucho más. Creo que tendrá que regresar….




 



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