Pareciera
que las cosas que más placer nos provocan tienen que ser lujosas. ¿Pero que hay
para esos placeres mundanos y baratos? ¿Cuándo pides una chela en el bar
sientes que te estás perdiendo algo por no pedir un alcohol más “sofisticado”?
La cerveza consumida con moderación puede, además de ser un placer, traer
muchos beneficios.
La cerveza siempre ha formado parte de la dieta del hombre, desde los tiempos
remotos, y es considerada saludable si se consume de un modo moderado y regular
(no más de dos latas por día). La calidad crece también a medida que el consumo
también va en aumento. Aquellos que piensan que es una bebida muy poco refinada se equivocan. Existen
cervezas belgas echas de frutos, o inglesas más viscosas y fuertes, que
demostraron que no son buenas para beber mucho, pero hacen muy bien a la salud.
Sus componentes provienen de cereales maltados como antioxidantes y vitaminas.
La producción está hecha a partir de cereales como cebada de malta, lúpulo,
trigo, arroz o maíz, alimentos que ayudan a tener una dieta balanceada. La
cerveza está compuesta por 93% de agua, lo cual constituye una óptima solución
para saciar la sed. Además de las sales minerales, también posee un alto
contenido de potasio y un bajo contenido de sodio, lo que es muy bueno para
normalizar la presión sanguínea. La bebida además es rica en magnesio, lo que
ayuda a la protección de la vesícula. El lúpulo ayuda en la falta de calcio
óseo, ayudando a proteger contra la osteoporosis y además su consumo diario
moderado es capaz de reducir en un 40% la formación de piedras en los riñones.
La cerveza además es una de las mayores fuentes naturales del complejo B, muy
importante para el sistema digestivo y nervioso. La carencia de complejo B en
el organismo puede causar depresión, falta de memoria y concentración,
cansancio físico, irritación y estrés. La cerveza contiene mucha fibra soluble. Un litro de cerveza contiene 20% de la
dosis diaria recomendada de fibra, pudiendo algunas veces alcanzar el 60%. Las
fibras ayudan en las funciones intestinales y tienen la ventaja de reducir el
tiempo de digestión y absorción de los alimentos, lo que reduce el nivel de
colesterol y en consecuencia, disminuye el riesgo de problemas cardiacos.
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Vitaminas Vitaminas como tiamina, riboflavina, piridoxina y ácidos fólicos son algunas de
las sustancias presentes en la bebida. La piridoxina y los ácidos fólicos
actúan en la protección de dolencias cardiovasculares. Una copa de cerveza
contiene dos veces más cantidad de antioxidantes que el vino blanco y la mitad
de los que contiene el vino tinto. Los antioxidantes del vino tinto están
constituidos por moléculas de elevado peso molecular, que no son tan fácilmente
absorbidas por el organismo como las moléculas menores de la cerveza. Estos
antioxidantes son absorbidos más fácilmente que algunos organismos de los
alimentos sólidos.
Pero, ¡cuidado! La cerveza en gran cantidad puede expandir los músculos de la barriga, formando
esa barriguita cervecera. El consumo excesivo de la bebida está asociado a la
obesidad y a un estilo de vida nada saludable.
La verdad es que beber cerveza no engorda, siempre que su consumo sea parte de
una dieta equilibrada y no se abuse de ella. Una copa de leche o yogurt de
frutas tiene la misma cantidad de calorías que una copa de cerveza. El exceso
(de cualquier alimento) es lo que engorda, pues aumenta la masa corporal. La
acumulación de alcohol a través de las calorías excesivas, provoca gorduras
localizadas en distintas partes de tu cuerpo. Una copa de whisky por ejemplo,
tiene 240 calorías, mientras que una de cerveza posee una media de 150.
Existen situaciones donde el uso de bebidas alcohólicas está prohibido, como en
la práctica profesional de deportes, durante el trabajo y cuando vas a manejar.
Para no meterse en problemas es mejor ingerir bebidas alcohólicas en los
momentos adecuados. La cerveza consumida de manera moderada para aquellos que
aprecian su sabor, puede significar ayuda en el mantenimiento de una vida y
dieta saludable.