Anteayer en la noche vi la película Shortbus que trata sobre
la sexualidad y otras locuras. Es la historia de una terapeuta sexual que nunca
había tenido un orgasmo, y para darle un giro a su vida, visita con su marido
un club underground de Nueva York llamado Shortbus en donde todo mundo agarra a
quien quiera, sin precedentes ni restricciones, como si no hubiera mañana. No
es un film porno, pero eso si es muy erótico, lo que me dejó bien excitada. Al término
de la película volví a ver la primera escena en donde se presenta un collage de
personas haciendo el amor. Me encantó esa escena. Me dormí pensando en la idea
del lugar, sin pensar lo que me pasaría después.
Algunas horas después, al comienzo de la madrugada, me habló
mi amigo Rodrigo. De todos mis amigos con derechos, creo que él es el más loco.
Lo conozco más en posición horizontal que vertical. Casi nunca conversamos
sobre nuestra vida personal. Nuestros diálogos se resumen esencialmente a sexo:
no sabe si tengo novio, marido o familia, pero sabe que tengo debilidad por los
hombres con barba (y él es uno de ellos). No sabe en donde crecí, pero sabe
perfectamente como apretarme los senos cuando me estoy elevando al cielo. Nunca
le importó saber cuál es mi libro preferido, sin embargo me ha puesto un corsé,
esposado y dominado sin control. En pocas palabras, Rodrigo para mi es el
fetiche hecho hombre, con el que puedo realizar todas mis fantasías.
Lo conocí caminando por la calle. Me abordo, conversamos
sobre cualquier tema y me invito pasear con él....terminamos ese mismo día en
un motel. Desde entonces, me habla una vez al mes, me viene a buscar y vamos al
mismo lugar. Nunca en nuestras casas, de hecho no sé ni donde vive, solo
conozco su auto y el descansabrazos donde me monta mientras me masturba con su
mano pequeña pero de dedos grandes.
Esta vez fue diferente. Pasó por mi y en cuanto entré a su
auto le sugerí lo que traía en mente: una orgía.”Roy hoy quiero hacer algo
diferente, quiero estar con más gente, me gustaría ir a un bar swinger”. Todas
esas escenas de la película estaban frescas en mi mente y nadie mejorpara guiarme esta vez que mi amigo Roy.
“¿Tienes alguno en mente?” me preguntó. Curiosa que soy, tenía el nombre de uno
que vi por internet mientras esperaba a que pasara por mí: “Si, el Marqués de
Sade”. El nombre lo decía todo.
Después de un rápido preliminar oral en el auto, llegamos al
lugar. Un pequeño toldo verde encima de una puerta de madera, con un pequeño
logo, queriendo darle un toque art
nouveau. Al lado el interfono y solo eso. A la primera impresión, el lugar
podría confundirse con uno de los burdeles que estaban por la zona.
Roy habló por el interfono y del otro lado, una voz gruesa
nos dijo el precio del cover: $350 pesos por pareja. Al entrar, el presunto
dueño de esa voz, nos invitó a pasar al lugar. Era un hombre joven, rapado,
alto y carismático. De la puerta, se descendimos directo por unas escaleras
estrechas, mientras íbamos guiados por el host. En las ultimas escaleras, Roy
me tomo de la mano, tal vez por la primera vez fuera de la cama y me dijo
“Vamos a jugar al papa y a la mama, para cualquier cosa, tu y yo somos un
matrimonio feliz...solo por hoy”. La idea de ser casada durante una noche, de
compartir mi hombre con otras mujeres y ser compartida con otros esposos y
padres de familia me dejo inmediatamente empapada. El loco de Roy sabe exactamente
la fórmula para dejarme así. En cuanto terminamos de bajar, fui directo a ver
su pantalón...estaba igual de excitado que yo.
De repente, nos encontramos en un cuarto oscuro, iluminado
únicamente por luz neón. La música creo que era Portishead, que intentaba crear
un claro ambiente sexy-lounge. Las paredes eran oscuras y tenían dibujos
fluorescentes de seres en estado de excitación. En las mesas había parejas
tomando una cerveza o un Cocktail de la casa. Al fondo, estaba la barra, y al
lado un tubo de pole dancing vacio. “La stripper no vino hoy”, explicaba el
host. Si en la peli de Shortbus el ambiente era más prendido, aquí era todo lo
contrario. Las parejas se veían, platicaban de banalidades, eran discretos. No
era lo que yo estaba buscando.
Eduardo, el host, percibió que era nuestra primera vez y se
avisto rápido para mostrarnos las diferentes áreas del lugar. A la derecha del
bar, había un corredor estrecho con 6 habitaciones: “Son cuartos para rentar,
en caso de que necesiten más privacidad”. Tampoco era lo que estaba
buscando.Si hubiera querido estar con
Rodrigo y otra pareja, igual nos hubiéramos ido para un hotel. Así que le
pregunte al chavo: “¿Pero no hay una zona más abierta?”...”Es justo a donde
vamos ahora” respondió.
Al final del pasillo, un par de escaleras más. “Finalmente,
ahí abajo es el laberinto oscuro, donde las fantasías se vuelven realidad”
decía Eduardo, con una sonrisa en la boca. “Laberinto oscuro” es algo de lo que
nunca había escuchado hablar, con todo y mi amplia experiencia. “¿Qué
esperamos” Le dije a Roy quien me agarró de la mano y me guio como si conociera
a la perfección el lugar.
Llegamos a un espacio complejo, lleno de entradas, mini-pasillos
y diferentes niveles. Las paredes y la luz indicaban diferentes caminos y daban
la impresión de estar en una nave espacial. Todo el ambienteestaba rodeado de gemidos, gritos, susurros,
choques de piel y gente en movimiento. Los hoyos en las paredes nos permitían
ver lo que sucedía del otro lado, donde los cuerpos se iluminaban parcialmente
por una lámpara. En el primero que vi, estaba una güera deliciosa, muy fina y
bien definida, cabalgando a un tipo recostado en un camastro mientras lamia los
senos enormes de una morena que estaba de pie. Al lado había otro hombre que se
tocaba viéndolos. Supuse que él era el marido de la güera, ya que muchos
hombres ni siquiera participan, sino solo disfrutan del placer de ver a su
mujer siendo dominada por otro macho.
La escena me sorprendió desde el primer instante. Roy lo
percibió y despacio se fue colocando detrás de mí. Como el hoyo en la pared
estaba a la altura de mi pecho, tenía que estar inclinada para ver, así que él
ya me tenía en posición de ataque mientras yo veía mi peli porno privada.
Mis gemidos entraron en sintonía con los de las demás
chicas. El supuesto marido voyerista de la güera, un chavo blanco, musculoso,
de cabello rubio, con el hombro tatuado, me vio por el agujero y sonrió. Estiró
la mano para abrir la puerta pues quedaba al lado de él. Roy me enfilo hacía
dentro de la habitación sin salirse de mí.
Comenzamos a interactuar sin decir una sola palabra. Mi
“marido” me llevo de la mano a agacharme para comerme a la morena chichona. Luego
fui directo a besar a la güera que seguía cabalgando al moreno que yacía sobre
la oscuridad. Era un mulato, peludo, rapado con cara de latin lover. Lo bese también
y en seguida abrí mis piernas para sentarme en su cara, para que me chupase
mientras yo besaba a la morena que se estaba comiendo.
Lo que sucedió después de eso son recuerdos borrosos. Roy se
comióa las dos morras y por un momento
se quedó solo con ellas. Yo me deje dominar por el moreno en varias posiciones.
Luego las chicas se alternaban para estar con dos hombres, uno por delante y
otro por detrás. El hombre rubio la verdad que solo estuvo de voyerista
sentando y sonriendo, controlando su placer.
Al final dimos un show de lesbianismo: formamos una cadena
de sexo oral. Fue un espectáculo para nuestros “maridos” que ahora estaban
todos de voyeristas. Nos venimos las tres casi al mismo tiempo y como la
protagonista de Shortbus, sentí como si nunca hubiera tenido un orgasmo...al
menos no uno parecido.
Después de todo Rodrigo me beso de una manera tan intensa y
cariñosa como si fuera un marido apasionado, aunque siempre lo hace después de
una buena sesión de sexo. Y vaya que fue buena, estar casada ha sido una de las
mejores fantasías que he realizado y se quedará solo en eso: en una fantasía.