Existen momentos en la vida en que la gente tiene que sentarse a revisar sus propios paradigmas. Yo me encuentro en uno de esos momentos. Una amiga me presento un amigo suyo y aquello fue algo magico, y aunque no nos estamos enamorando, siempre estamos juntos.
De alguna forma este chico está funcionando como una especie de vacuna a mi aberración por la palabra novio. Me marca, me manda mensajes, voy para su casa, el va para la mia, y nada de eso me cansa o me sofoca. Al contrario, ando viendo puras pajaritos.
¡que digo pajaritos! ¡¡El pavo entero!! Grande, tierno y suculento, todo lo que me gusta de un hombre...(quedamos en que iba a revisar algunos paradigmas, pero no todos, algunos siempre estarán ahí)
En una de esas, él me mando un sms del trabajo.: “Tengo ganas de algo pornográfico hoy, ¡desperté con unas ganas incontrolables por comerte!”
¡Ay ay ay! Yo todavía estaba dormida, pero sentí como mi cuerpo reacciono inmediato a la sugestión. Me quedé recostada, calentando los motores. Y le respondí “!Qué buenos dias! Ya me puse las pilas!”
Me respondió: “Tengo ganas de besarte, lamerte, chuparte…”
A esas alturas yo ya estaba por cometer un delito con mi conejo de peluche…”siento tu respiración detrás de mi cuello”.
Y el con una velocidad impresionante: “Adoro morder tu cuello y lamerte la espalda, mientras voy entrando despacio…hasta el fondo”
En ese momento enloquecí por completo. Aventé el conejo y comencé a idear la manera de conseguir lo que yo quería: a él. Vi el reloj y decidí mandar un mensaje cifrado: “Paso por ti para comer”.
El entendió el recado y la hora por la que pasaría. Sería impensable salir con alguien que no fuese como mínimo ágil para comprender mis indirectas. Tomé el baño más rápido de la historia, me puse el vestido más indecente de Latinoamérica y me arranqué para su trabajo.
A penas entró al coche, yo derrapé llanta. Como tenía que regresar al trabajo, no teníamos tiempo que perder. Me besaba el cuello, el hombro, mi bazo y metía mano debajo de mi falda. ¡Imposible manejar! Pero continué…¿A dónde vamos, a donde vamos? Decidimos regresar a su oficina. Subimos por la sección de personal de mantenimiento. Mucha gente. Bajamos y regresamos al coche increiblemente excitados.
Nos subimos al coche, salté sobre de él y me senté de frente. Nada de besos, ni cariñitos, ya no aguantábamos más. No había manera que me callará, estaba gritando como loca. Por fin tenía lo que quería: orgasmo tras orgasmo con el macho que tanto me gustaba.
Por fin acabó la agonía y entonces llegaron los besos, los cariños y los chupetones…pero él tenía que regresar al trabajo. Quedamos en vernos en la noche para terminar eso. Obvio, saldría disparado de su trabajo para darme más orgasmos mágicos.