Besos mojados y sudor.
Besos mojados y sudor. Así empezamos noche adentro, entre pinceles y bosquejos que se formarían en un cuadro a la mañana siguiente.
Esta semana se cumple un año en que mi mejor amiga Jú se fue de la ciudad para siempre.
Todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Ella acariciaba mi cabello mirándome a los ojos y diciéndome lo bonita que era, un cuadro digno de pinceladas suaves con un fondo azul lila resaltando mis bellos ojos verdes.
Por un momento sentí ganas de llorar de felicidad al tener recuerdos tan bonitos de aquella mujer. En segunda instancia decidí plasmar lo que habíamos vivido y salí en busca de un artista que retratara mi esencia.
Jean es un pintor de desnudos artísticos que vive en su taller en frente de una playa casi desierta. Toque un interfon improvisado y apareció en lo alto de una ventana.
¿Stephany, verdad? ¡¡¡Sube corazón!!!
La puerta estaba entreabierta, así que entré y al subir las escaleras había una linda pelirroja terminándose de vestir. Me invitó a acercarme a la pintura que recién había terminado.
Eso era verdaderamente hermoso. La pureza de la piel de esa niña me hizo recordar la arena de las extensas playas caribeñas. Bonita, bonita.
-¡Fascinante! Yo estaba muriendo de ganas por verme desnuda y transmitir esa “pureza” que Jean pintaba.
-¡Linda! Puedes desnudarte, no tengas vergüenza, pues va a ser el momento mas sublime de tu vida.
Arregló su cabello castaño por atrás de su oreja y yo sin más me quite la ropa que traía puesta, mirando fijamente creyendo impresionarle, aunque él no demostraba ninguna reacción.
-Bonita, deja quitarte esa mechita de cabello que está encima de tu seno. ¡¡Es tan perfecto!!! Quería dibujarlo en todas sus formas.
Al aproximarse, yo deslice sus dedos por encima de mi seno y pregunte:
-¿Nada?
-¿Por que, mi bonita?
-Tu, no sientes nada? ¿Ni con la brisa que viene de la ventana? De verdad no sientes nada.
-Si siento. Siento también que tú necesitas cariño, un cariño que yo puedo darte.
Separó mis piernas, se levantó y de lejos se quedó viendo hacía el blanco de mi placer. Arreglándome para una fotografía, paóo mi cabello para el lado contrario y me recostó en un diván arreglando mis pompas para que les pegara la luz.
-Déjame pintarte .Dibujar todo lo que pienso sobre tu cuerpo de princesa, ¡¡mi rubia hermosa!!!
Con pena, él fingía dibujar sobre mi abdomen, tocando mis senos y respirando en mi oído.
Sin darnos cuenta estábamos desnudos. Jean y yo entre tintas coloridas y nuestros cuerpos color de piel. Él me penetraba despacio, alternando con emociones más fuertes.
Sentía el sabor de su piel, un buen sabor mientras degustaba su parte más viril que fortalecía mis ganas de entregarme aún más.
Sobre los bosquejos, me abrazo por la espalda y con mucho cariño jugaba con su miembro maravilloso sin olvidar ni un momento de mi deliciosa arma de placer.
La describía como una sabrosa fruta color de rosa que derramaba un jugo caliente que derretía su corazón como lava.
Uno sobre el otro, el me penetraba con su mirada mientras sus manos se concentraban en apretar cada pedazo de mi cuerpo.
Sentí el frío de la brisa viniendo de la ventana mezclado con el calor fuerte que se extendía a lo largo de su deseo, sentía como un choque térmico. Siendo acariciada por una lengua mojada que bajaba entre mis piernas y de sus manos fuertes que apretaban mis costillas queriendo poseerme.
Fui aventada cerca de la pared y cubierta con listones de seda de colores, que mostraban lo fácil que era conquistarme.
Mordiditas que dejaban marcas para que el camino se repitiera una y otra vez.
Besos mojados y sudor. Las formas en el piso formaban una sola persona.
Y así nos fuimos perdiendo en la noche, entre pinceles y bosquejos que darían forma a un cuadro a la mañana siguiente.
¡Gracias por escribirnos!
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