Al sentir sed, como y bebo tu líquido dulce, me siento mas fuerte y deliciosa.
Derrítete en esta historia...
Después de un baño de aquellos, en que cada centímetro del cuerpo fue enjabonado con mucho cariño, me acosté en la cama y me quede pensando, lo interesante que sería si aquel muchachito, que frecuenta los alrededores de mi ventana tomara iniciativa.
Solo en mi imaginación, mis dedos ya recorrían todo el contorno de sus labios y jugaban con cada músculo de su espalda. No puedo ni imaginarme lo delicioso que sería dejarlo jugar también con la puntita de sus dedos alrededor de mis senos, que estaban con los pezones duros a causa del frío que venía de la ventana, viendo el movimiento que había en el bar que quedaba abajo, él estaba desviando miradas discretas hacía mi ventana, en medio de carcajadas que tenía con sus amigos.
Claramente era una excelente oportunidad de invitarlo para una noche muy interesante. Al sentir mi presencia pude ver que el buscó ser discreto para ver si no venia con alguien más.
Mi boca mojada pedía a mi lengua un dulce. Tomé una paleta, me senté en la ventana y sin pensarlo más, empecé a insinuármele.
Me senté de lado, me subí el blusón y empecé a acariciar mis piernas hasta enseñarle una puntita de mi ropa interior, puesta especialmente para esta ocasión. Mientras me veía, no se daba cuenta que el vaso que se llevaba a la boca estaba completamente vacío. Cuando se le quitó un poco lo sonrojado que estaba, me di cuenta que estaba resultando.
Entonces decidí ser más extrovertida. Me quite todo el blusón, me senté de espaldas hacia él y solo con mi tanguita acariciaba mis senos y la curva de mi cintura en cuanto miraba para atrás y mordisqueaba mi paleta de color de rosa.
No tardo mucho para que hacerme una señal y decirme que iba a subir. Yo ya estaba dudando lo suficiente para entregarme por completo, pero al saber que todo lo que es difícil es mas rico, respondí con movimientos que no. Cerré la ventana, puse mis senos en el vidrio con la invitación de “regrese mañana” y enseguida cerré la cortina.
Fui a acostarme esperando ansiosa que sonara el interfón para que mi noche fuera “maravillosamente” larga.
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