
Siempre hay una primera vez
El otro día me encontré en la calle a un amigo que hace mucho no veía. ¡Que cosa! ¿No? Nosotros éramos los mejores amigos cuando éramos jóvenes, pero pasaron los años, él se fue a vivir en Sao Paulo y perdimos el contacto.
Estuvimos sentados en la terraza de un café charlando por horas, recordando las locuras que hacíamos cuando éramos unos jóvenes pubertos. Lo que yo no esperaba era que el me iría a recordar una de nuestras historias más ardientes: ¡Mi loquísima primera vez! Me quedé en blanco de solo acordarme. En verdad fue maravilloso, pero para quien no esta enterado del contexto en que sucedió, puede parecer un tanto morbosa, así que la guardé como un secreto durante toda mi vida. Creo que por eso, y también por qué no había encontrado a Gui en todo este tiempo, me olvidé casi completamente de lo que me había ocurrido.
Bueno, antes de que los mate la curiosidad, mejor comienzo a contarles.
Yo siempre fui una loquita por el sexo. Desde que tengo uso de razón, ya jugaba con mi cuerpecito – no sé si le puedo llamar masturbación, pero lo que si sé, es que tenía una connotación sexual, de eso no hay duda. Así que en la adolescencia, me convertí en un ser aún más sexual, pero vivía en una ciudad muy pequeña, en donde tenía que contener mis impulsos… hasta que llegué a estudiar a Floripa, la “Ibiza de America”. ¡Entonces todo se convirtió en felicidad! Bueno, pero quien iba a pensar: yo no estaba particularmente atada a mi virginidad, pero al parecer ella si lo estaba. Yo era muy estrecha (hasta el día de hoy). Después de varios intentos, no lograba nada, hasta que casi lo deje por la paz. Casi.
Hasta que conocí a Gui (¡bendito sea el cielo con todos sus santos!!). Y nos volvimos íntimos amigos, nada podía pasar entre nosotros. Y fue en esa misma época que yo conocí mi primer novio. Un pequeño detalle: el también era virgen y muy amigo de Gui. Casi me vuelvo loca: si no lograba hacerlo con los expertos, ¿Qué iba a suceder conmigo en las manos de un tímido y precoz novato? ¡Nada!
Después de un mes juntos, el seguía tranquilo, en calma, sin intentar ni la primera base conmigo, hasta que no soporte ni un minuto más la situación, tenía que hacer algo: “¿Quieres venir a dormir a mi depa el sábado que viene?”… el se quedó blanco de miedo, pero soltó un si. Entonces quien se quedó blanca de miedo fui yo. ¡¿Que iba a hacer ahora!? Llamar a Gui inmediatamente, claro. Él siempre me ayudo a mantener la calma: me dijo que todo iba a salir (y entrar) bien, que me daría unos consejos, que iba a pasar un sábado “de poca madre” y bla, bla, bla….entonces me quede tranquila, confiando en Gui, como siempre lo he hecho...
El chiste es que era viernes antes del famoso día y estábamos invitados todos a la casa de playa de mi “novio” para una “carne-asada”. Además habría un concierto cerca de ahí, así que sería una noche previa perfecta para el verdadero “show”.
Las “pomidas” en Floripa siempre se ponen bien locas, es el pretexto perfecto para que todos se pongan a tomar hasta las “chanclas” (literal).
En eso estábamos cuando llega la hora de irse a cambiar para ir al concierto, pero oh sorpresa cuando llegamos a los dos baños que habían, estaban mas sucios que un estadio azteca después de un clásico America-Guadalajara. Y cómo no, si había cientos de pubertos alcoholizados en la carne-asada.
Entonce Gui tuvo una excelente idea: bajar al centro (que queda a 20 minutos), tomar un baño y cambiarnos, así evitaríamos el tumulto de gente. Mi casa estaba en camino a la suya, así que acepte el aventón.
En eso íbamos cuando pasa en frente de mi casa y ni se detiene. Todavía me dice, “mira vamos a mi casa, no están mis papas, nos bañamos y nos cambiamos rápido, no nos tardamos ni tantito, va a ser mas rápido”. Número uno: Acababa de cumplir 18 y Número dos: No tenía mucha sangre corriendo por mis alcoholes. Conclusión: todo tenía sentido para mí.
Para no hacerles el cuento largo, llegamos al departamento de sus padres, todo estaba bien y en orden. Me dijo que usara su baño y que él usaría el de sus papas para no tardarse tanto. Yo cerré mi puerta, puse el seguro, me quite la ropa y prendí la regadera. Cuando oí un fuerte golpeteo a la puerta “bam, bam, bam”. Era él tocando. Me cubrí con una toalla y abrí.
En este punto de la historia me imagino que todo es muy obvio, pero bueno, les seguiré contando…
Cuando me di cuenta, el ya estaba encima de mí besándome y quitándome desesperadamente mi toalla, dejando mi
cuerpo de adolescente completamente desnudo en un segundo. Estaba entre asustada y excitada, pero decidí no preocuparme y dejar que las cosas sucedieran.
Me cargo, me llevo a la cama y me aventó casi violentamente, (nada que ver con la idea romántica, casi ridícula, de la primera vez) recorrió todo mi cuerpo con su lengua, cada centímetro de mi virginidad y desnudez. Cuando se paró por un condón casi lloro, no podía apartarlo de mí ni por un segundo. Y cuando estaba ayudándole a poner el condón (no me pregunten como, pero mi instinto sabía perfectamente como hacerlo), fue tal vez el momento en que mi obsesión por el miembro masculino nació en mi.
Inmediatamente después, él estaba encima de mí. Y fue uno de los instantes más maravillosos de mi vida. Entro tan fácil que me quede sorprendida, y fue entonces cuando sentí un orgasmo pleno, el más intenso. Grite tan fuerte que me quede afónica a los 5 minutos. Él no aguanto mucho, pero fue suficiente. Entonces solo nos quedamos acostados uno contra el otro, riéndonos, platicando….pero no teníamos mucho tiempo, teníamos que regresar a la fiesta, con el “novio” y todos los demás….
Una cosa que nunca olvidare es el camino de regreso. No podía dejar de reír e imaginar que todo era color de rosa. Entonces Gui me dijo “Steph, necesitas tranquilizarte, no puedes andar por el mundo como si todo fuera una helado de chocolate”. Entonces le dije que sería una buena niña y que me portaría bien.
Llegamos a la fiesta y nos comportamos como si nada hubiera pasado y todo mundo feliz.
La mañana siguiente fui a ayudarle a lavar las sabanas para que su mama no sospechara nada y en el transcurso del día estuve preparándome para lo que sería mi segunda “primera vez”, ahora con mi verdadero “novio”. El no pudo notar la diferencia, todavía estaba muy estrecha y sangrando. Notó algo en mí por lo tranquila que estaba y la divertida que me estaba dando, pero no tocó el tema.
Si mi relación con él no hubiera durado los siguientes 6 años y si Gui no hubiera continuado siendo nuestro mejor amigo, no pensaría que fue tan morbosa. Pero siendo muy honesta, no lo creo. Siempre tendré un recuerdo muy bonito de ellos. De los dos.
¡Gracias por escribirnos!
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