Mujeres al borde de un ataque de nervios
Estuve en São Paulo la semana pasada, para reunirme con un nuevo editor (un viejo amigo), pero él ¡me puso en una situación horrible! Me hizo salir a cenar con un amigo suyo que acababa de separarse de su novia, estaba triste y muy deprimido. Las personas tienen la manía de creer que soy muy fácil porque a me gusta el sexo. Una cosa no tiene nada que ver con la otra, ¡en absoluto! ¡Al contrario, soy muy exigente! Pero como era un favor para un amigo, que podría ser mi fuente de ingresos por los próximos 6 meses, me vería muy ruda en rechazarlo. ¿Ahora que?, ¡¿cena?! Le pregunté si podría llevar al Mr. Depresión a un lugar más animado, un bar en donde podría tomar un traguito para ayudarlo a llevar una charla que podría resultar curativa… pero no, él, Mr. Depresión, quería salir a cenar. ¡Me lleva!
¡Pero bueno, todo en nombre de la amistad y la cuenta bancaria! Llevemos al amigo a cenar.
Ya desde la entrada del restaurante yo no pensaba en otra cosa más que en el suicidio. Ideas como morder un vaso de vidrio para empezar a sangrar no me salían de la cabeza, haría todo por salir de allí.
Y de repente aparece una pareja de amigos de Mr. Depresión. Al parecer a él le caía muy bien, pues se puso muy contento de verlos. No lo dude ni un momento: los llamé para que se sentaran con nosotros. Después de 2 minutos me di cuenta del porqué a él le gustaba tanto este amigo, era tan aburrido como él, si no es que más. Asuntos como intentar descubrir si los hongos en la ensalada eran porcini o shitake eran los temas más interesantes, aunque fuesen, obviamente, shitake.
Mientras tanto, al otro lado de la mesa, la mujer parecía tan hastiada como yo. Linda, piel morena, pelo negro, labios carnosos, un aire un poco blasé. Unos pechitos picudos, no muy grandes, pero que parecían querer perforar su top blanco. ¿Te ha pasado que tienes mucha hambre y lo único que ves a tu alrededor es un pollito recién asado, como en las caricaturas? Yo la miraba a ella y sólo lograba ver 4 letras en su frente: S-E-X-O. ¡Simplemente guapísima! Yo ni siquiera me acordaba de los dos tontos discutiendo al lado mío.
En ese entonces me di cuenta que su mirada hacia mí era aún más obvia que la mía hacia ella. Tan pronto nuestros ojos se encontraron, ella viró los suyos, de la forma más sexy que he visto en toda mi vida, señalando hacia el baño.
No perdí ni un segundo. Me excusé y me levante para ir al baño, pidiéndole que me acompañara para venirse conmigo, a lo que me siguió tranquilamente. Como me encanta ser mujer en esos momentos.
Entramos al baño las dos muy discretas, yo con la mano en mi bolsillo buscando un lápiz labial que normalmente no uso, ella entró después de mí, le puso seguro a la puerta, me miró con cara de gata hambrienta y camino directo hacía mí. Parecía un puma, caminando con la sensualidad peculiar de los felinos, rumbo a la presa fácil. Pensé que ella iba quedarse callada, creo que aún no le había escuchado la voz, pero ella se paró muy cerca de mí y, a una distancia suficiente para que yo sintiera su aliento, me dijo: “Quizás los demás hayan notado. No pude quitar mis ojos de tu culo hermoso cuando veníamos hacia acá.” Como en general soy yo quien tiene esa postura agresiva, me quedé un rato sin reaccionar. Pero solo por un rato. Seguí con los ojos abiertos, clavándome en su mirada profunda. Ojos color de miel, algo claros. Hasta en eso se asemejaba a una gata. Nos besamos violentamente como si nos quisiéramos robar el alma de la otra. No resistí y empecé a acariciarla mientras nos besábamos. Pellizqué con fuerza sus pezones duros por arriba de su top. Ella gimió y se alejó. Se liberó de su top y lo lanzó al suelo. Después arrancó mi camisa, reventando todos los botones sin que yo pudiera hacer algo. Sus labios carnosos en mis senos eran extremamente dóciles y no tuve opción más que dejarme hacer y dejar que ella tomara las riendas. Con habilidad y fuerzas inimaginables ella me levantó y me puso sentada en la tasa mientras levantaba mi falda y arrancaba mi tanga. ¡Cuánta habilidad! Ella dominaba el arte del Cunnili como nadie. Pensé que me iba desmayar.
Enseguida llegó mi momento de acción. Colocó sus dos manos apoyadas en la tasa y me puse por detrás de ella, mirando sus pezones reflejándose en el espejo. Ella echó su cabeza hacia atrás y cerró sus ojos mientras yo seguía besando, lambiendo y mordiendo cada centímetro de su piel suave, con olor a pitanga. ¡Simplemente guapísima! Toda ella y cada parte de ella.
Cuando nos reincorporamos, intentamos salir del baño como si nada hubiera pasado. Amarré mi camisa intentando ocultar la total ausencia de botones. Nos arreglamos el cabello la una a la otra cariñosamente y salimos. Creo que cuando uno se divierte pierde un poco la idea del tiempo. Al regresar a la mesa nos informaron que los dos caballeros habían pagado la cuenta y se habían retirado.
No me pareció una actitud de las más educadas, pero ¡me encantó! Tomamos un taxi y nos fuimos al hotel. Pero eso es material para otras dos o tres nuevas historias.
¡Gracias por escribirnos!
Su mensaje ha sido enviado al escritor de la columna.
|